El Arte de la Comunicación

Una cosa es lo que decimos y otra es lo que comunicamos. Este es un problema de comunicación muy común en las empresas. Y es común porque los empleados de muchas empresas están cansados de palabrería y demagogia empresarial.

Por poner un ejemplo: “Nuestro activo más importante es nuestra gente”, cuando sabemos que la realidad es otra, ya que ni el empleado lo cree ni el patrón lo practica. Lo importante aquí es que cuando hay incredulidad en ambas partes el perjuicio es mutuo, pues al empleado le interesan más sus ingresos que la empresa y al patrón le importan más sus utilidades que el bienestar de sus colaboradores. Este es el tipo de condición que nos encontramos en muchas empresas cada vez que iniciamos una Reingeniería aplicada a los Recursos Humanos.

Cuando entrevistamos a los empleados éstos muestran incredulidad sobre la posibilidad de que se dé un “Cambio de juicios y actitudes del patrón” y nos dicen: “¿Sabe? Lo único que quiere el patrón es explotarnos más”, y están convencidos de esta creencia. Una creencia que tiene consecuencias perniciosas, ya que mientras el patrón piensa: “Yo hago como te pago”, el trabajador piensa: “Yo hago como que trabajo”. Es claro que con esta actitud de animadversión sorda ninguno de los dos podrá lograr en plenitud sus objetivos de progreso y bienestar.

Esta situación hace que tanto el patrón como el empleado se exploten entre sí, logrando con ello muy poco avance. Es por esto que la Reingenería de Recursos Humanos busca por todos los medios evitar la explotación de ambas partes, para que en vez de sentirse víctimas y victimarios las dos partes se pongan a trabajar en serio y establezcan relaciones profesionales, sanas y honestas.

            Una de las primeras premisas de la Reingenieria es evitar la tentación de tratar de controlar a la gente, porque casi siempre termina uno siendo controlado por aquel al que queríamos controlar y al atarnos mutuamente la calidad y eficiencia de la operación se devalúa y por ende los resultados resultan mediocres e insatisfactorios para todos.

Sobre este punto queremos hacer la siguiente reflexión contigo:

Pregunta: “¿Quiénes son los grandes dirigentes?” Respuesta: “Aquellos que renuncian conscientemente a la compulsión por controlarlo todo y, en vez de ello, se disciplinan a prestar atención a la forma en que evolucionan las cosas”.

            Si creemos que el mundo (que en sus esencia, e independientemente de las “mejoras humanas”, es fundamentalmente coherente y racional), está formado con belleza y tiene un sentido, ¿por qué no hacer  que  nuestras acciones sean armoniosas con ese sentido natural de orden y fluidez?

            Prestemos atención a los mensajes que el mundo nos da:
             
            Cuantas más normas creamos, más normas necesitamos para tratar de detener a las personas “listas”, que inevitablemente encuentran la forma de infringirlas o darles la vuelta.

            Cuanto más intentamos defendernos, más aumenta nuestro sentido de vulnerabilidad, hasta que el mundo entero se llena de enemigos.

            Por otro lado, cuanto más premiemos a los demás por ser como deberían ser, más los despojaremos de su dignidad esencial. La recompensa debe encontrarse en la integridad del acto mismo.

            EN EL MUNDO ACTUAL ES DURO SER UN EMPRESARIO, y no digamos ser líder. Aunque estamos hambrientos de conocimientos aplicables, a menudo nos ahogan los datos y nos sentimos abrumados por las demandas que se hacen a nuestro tiempo y a nuestros recursos. Debido a esto es rara la ocasión en que somos capaces de experimentar una sensación de verdadera realización después una jornada de trabajo.

            Paradójicamente en un mundo hiper comunicado es más difícil comunicarnos con efectividad. Para lograrlo es esencial ser claro, preciso y objetivo. También es indispensable mantener en mente que la comunicación más poderosa es la del ejemplo; sencillamente porque es la única comunicación auténtica y perdurable.

            Asimismo, debemos recordar en todo momento que hay una comunicación no verbal que dice mucho más que mil palabras y que no es otra que la del lenguaje corporal.

            Moraleja: Una cosa es lo que decimos y otra es lo que comunicamos con nuestra actitud y nuestro lenguaje corporal.

Saludos
Hasta la próxima.